La Gran Aventura de los Tacos Valientes

3-7 años · 5 min · Autoconfianza

La Gran Aventura de los Tacos Valientes
En una casa llena de risas y juguetes, vivían tres amigos muy especiales: Gonzalito, con su gorra de explorador siempre puesta; Juanito, que saltaba y reía con cada nueva idea; y Carolinita, con sus ojos brillantes y llenos de curiosidad. Una tarde, después de jugar a construir castillos con almohadas, las tripitas de los tres empezaron a hacer ruidos divertidos. "¡Tengo hambre!", dijo Juanito, tocándose la barriga. "Yo también", añadió Carolinita, pensativa. Gonzalito, que siempre estaba listo para una nueva aventura, exclamó: "¡Ya sé! ¡Podríamos hacer... tacos!". La palabra "tacos" sonó como magia en el aire, y los tres se miraron con grandes sonrisas.

La idea de los tacos les llenó de emoción, pero también de una pequeña duda. "Pero... ¿cómo se hacen los tacos?", preguntó Carolinita, ladeando la cabeza. Gonzalito se encogió de hombros. "No lo sé... ¡nunca he hecho uno!", dijo, y por un momento, se sintió un poco pequeño. Juanito, sin embargo, ya estaba en modo "búsqueda del tesoro". "¡A buscar la receta secreta de los tacos!", gritó, y corrió hacia la cocina.

En la cocina, no encontraron un libro de recetas mágico, pero sí algo muy especial. Encima de la mesa, había un montón de tortillas de maíz, tan redondas y suaves como nubes. Y al lado, un cuenco con lechuga crujiente, otro con tomate rojo picadito, y uno más con queso rallado. "¡Mira!", exclamó Carolinita, señalando una notita de colores. "Dice: 'Para unos tacos deliciosos, no solo necesitas ingredientes... ¡necesitas un poquito de ti!'"

Gonzalito frunció el ceño. "¿Un poquito de mí? ¿Qué significa eso?". Juanito, que ya estaba listo para probarlo todo, cogió una tortilla. "¡Pues vamos a descubrirlo!". La nota seguía diciendo: "Para la lechuga, pon una sonrisa de valentía. Para el tomate, un pensamiento de '¡Yo puedo!'. Y para el queso, una pizca de '¡Lo voy a intentar!'".

Carolinita fue la primera en intentarlo. Cogió un puñado de lechuga. "Uhm... ¿una sonrisa de valentía?", dijo, dudando. Gonzalito la animó: "¡Venga, Carolinita, tú puedes! ¡Ponte la sonrisa más valiente que tengas!". Carolinita respiró hondo, pensó en lo divertido que sería comer esos tacos, y puso una sonrisa grande y brillante. ¡Y la lechuga fue a parar a la tortilla!

Luego fue el turno de Gonzalito con el tomate. "Un pensamiento de '¡Yo puedo!'", leyó en voz baja. Se sentía un poco inseguro. ¿Y si no salía bien? Juanito, que ya había puesto su lechuga con una sonrisa enorme, le dio una palmada en la espalda. "¡Claro que puedes, Gonzalito! ¡Imagina que eres un cocinero superhéroe!". Gonzalito cerró los ojos un segundo, y pensó: "¡Yo puedo! ¡Yo puedo hacer el mejor taco del mundo!". Abrió los ojos, y con una determinación nueva, añadió el tomate a su tortilla.

Finalmente, Juanito con el queso. "Una pizca de '¡Lo voy a intentar!'". Juanito no dudó ni un segundo. Él siempre estaba dispuesto a intentarlo todo. "¡Esto es fácil!", dijo, y echó el queso con entusiasmo. Pero luego vio que Carolinita y Gonzalito le miraban. "¡Vosotros también podéis!", les dijo Juanito. "¡Intentadlo! ¡No pasa nada si no sale perfecto a la primera!". Y así, los tres, animándose mutuamente, fueron añadiendo todos los ingredientes, cada uno con su sonrisa, su pensamiento de "¡Yo puedo!" y su pizca de "¡Lo voy a intentar!".

¡Y así fue como los tres amigos crearon sus propios tacos! Eran los tacos más bonitos y coloridos que habían visto nunca. Cada uno enrolló su tortilla con cuidado, mirando el resultado de su esfuerzo. "¡Lo hemos conseguido!", exclamó Gonzalito, sintiendo una alegría enorme en el pecho. Ya no se sentía pequeño ni inseguro. ¡Se sentía valiente!

Carolinita, con su taco en la mano, añadió: "¡Y ha sido divertido! Al principio no sabía cómo, pero cuando sonreí con valentía, fue más fácil". Juanito, dando un gran mordisco a su taco, dijo con la boca llena: "¡Mmmm! ¡Y saben deliciosos! ¡Sabía que lo íbamos a lograr si lo intentábamos!".

Los tres se sentaron a disfrutar de sus creaciones. Cada bocado les recordaba que, aunque algo parezca difícil al principio, si le pones una sonrisa, un pensamiento de "¡Yo puedo!" y las ganas de "¡Lo voy a intentar!", puedes lograr cosas maravillosas. Habían aprendido que la confianza en uno mismo es como un ingrediente secreto que hace que todo sepa mucho mejor. Y desde aquel día, Gonzalito, Juanito y Carolinita supieron que, con un poquito de valentía y mucha confianza, cualquier aventura, ¡incluso hacer los tacos más ricos del mundo!, es posible. ¡Qué ricos estaban esos tacos valientes!

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