El Gran Partido de los Amigos del Balón

3-7 años · 5 min · Perseverancia

El Gran Partido de los Amigos del Balón
En un rincón soleado del parque, donde los árboles eran gigantes y las nubes parecían ovejas de algodón, vivían tres amigos inseparables: Gonzalito, con su camiseta de rayas y una energía que no paraba; Juanito, con unas gafas redondas y una sonrisa traviesa; y Carolinita, que aunque era un poco más calladito, tenía el corazón más grande. Lo que más les gustaba en el mundo era el fútbol. Tenían un balón naranja y un pequeño espacio entre dos arbustos que ellos llamaban "su estadio secreto". Cada tarde, después de la merienda, corrían hacia allí, listos para su gran aventura futbolística.

Un día, decidieron que querían aprender a chutar el balón tan alto y tan fuerte como los futbolistas de la tele. "¡Quiero que mi balón vuele como un cohete!", exclamó Gonzalito, dando un salto. Juanito, ajustándose las gafas, añadió: "Y que entre justo por el centro de nuestra portería de arbustos, ¡sin tocar ninguna hoja!". Carolinita, que observaba el balón con atención, dijo en voz baja: "Yo quiero que vaya... ¡muy lejos!".

Empezaron a intentarlo. Gonzalito corrió, chutó... ¡y el balón fue directo a un charco! "¡Oh, no, mi cohete se ha mojado!", se lamentó, pero enseguida se rio. Juanito, con más cuidado, intentó apuntar. Chutó, y el balón rebotó en una rama alta, cayendo lejos de la portería. "¡Mi puntería necesita gafas también!", bromeó. Carolinita fue el siguiente. Tomó carrerilla, chutó con todas sus fuerzas, pero el balón apenas rodó unos centímetros. Carolinita suspiró, un poco desanimado. Lo intentó de nuevo, y otra vez, y otra... pero el balón no quería volar. Sus hombros se encogieron un poquito.

"No pasa nada, Carolinita", dijo Gonzalito, animándole. "¡Hay que intentarlo más veces! Yo también al principio chutaba fatal". Juanito añadió: "Sí, es como aprender a atarse los cordones, al principio es difícil, ¡pero luego lo haces sin pensar!". Carolinita miró a sus amigos, que le sonreían. Volvió a coger el balón. Esta vez, Gonzalito le enseñó cómo colocar el pie. "Mira, así, con la parte de dentro". Juanito le dijo: "Y mira la portería todo el rato, ¡imagina el gol!". Carolinita lo intentó. Chutó, y esta vez, ¡el balón rodó un poco más lejos! No fue un cohete, pero fue un avance. Se tropezó un par de veces, casi se cae, pero se levantó enseguida, sacudiéndose la tierra de los pantalones. Cada vez que chutaba, aunque no saliera perfecto, sus amigos aplaudían. El sol empezaba a bajar, tiñendo el cielo de naranja y rosa, pero ellos seguían practicando, con risas y ánimos.

Después de muchos intentos, muchos "casi" y algunas caídas divertidas, Carolinita se sentía más fuerte. Sus piernas sabían un poquito mejor cómo chutar. Cerró los ojos por un segundo, imaginó el balón volando y, con una sonrisa decidida, chutó. ¡Pum! El balón salió disparado, no tan alto como un cohete, pero sí recto y con fuerza, ¡directo entre los dos arbustos! ¡Gol! No era el gol más alto, pero era un gol ¡perfecto para ellos! Gonzalito y Juanito saltaron de alegría. "¡Lo conseguiste, Carolinita! ¡Un golazo!", gritaron a la vez. Carolinita sintió una cosquillita de felicidad en su barriga. Se había esforzado mucho, había seguido intentándolo aunque al principio no saliera bien, y ¡lo había logrado!

Esa tarde, los tres amigos se sentaron en el césped, cansados pero contentos, viendo cómo el sol se escondía. Habían aprendido que no importa si algo es difícil al principio, o si te caes un par de veces. Lo importante es no rendirse, seguir intentándolo con una sonrisa y con la ayuda de los amigos. Porque la perseverancia, como su balón, ¡siempre llega muy lejos! Y estaban deseando volver al día siguiente para seguir chutando y viviendo nuevas aventuras con su balón.

¿Te ha gustado este cuento?

Crea un cuento personalizado con el nombre, la edad y los intereses de tu hij@ en menos de un minuto.

Crear cuento personalizado