Rubén y el Pajarito Valiente del Jardín
2-2 años · 5 min
¡Hola, Rubén! ¿Sabes qué? Detrás de tu ventana, donde el sol se asoma cada mañana y las flores de colores bailan con el viento, hay un jardín muy, muy especial. Es un jardín mágico donde los pajaritos cantan dulces melodías al despertar. Pero hoy, Rubén, algo especial va a pasar. Tú, que eres un niño muy, muy curioso y te encantan los animales, vas a descubrir un pequeño secreto. ¿Estás listo para esta aventura? ¡Pues abróchate el cinturón de la imaginación, que despegamos hacia el jardín de las sorpresas!
Un día soleado, mientras Rubén jugaba con sus coches de juguete en el césped verde del jardín, ¡escuchó un ruidito! "¡Pío, pío!", sonaba, muy suave, casi como un susurro. Rubén, con sus ojitos muy abiertos y su camiseta de dinosaurios, miró a su alrededor, buscando de dónde venía ese sonido. El "pío, pío" venía de detrás de un arbusto grande, que tenía unas flores de color rosa muy bonitas. Con pasitos lentos y curiosos, como un pequeño explorador en una gran misión, Rubén se acercó. ¡Y qué sorpresa! Allí, escondidito entre las hojas y las ramitas, había un pajarito muy, muy chiquitín. Era de color marrón, con un piquito amarillo, y sus alitas parecían un poquito caídas. El pajarito estaba en el suelo, no podía volar.
Rubén lo miró con mucho cariño. El pajarito temblaba un poquito y sus "pío, pío" eran cada vez más bajitos, como si estuviera muy triste o asustado. Rubén, que es un niño muy bueno y le encantan todos los animales del mundo, pensó: "Este pajarito necesita ayuda, pero yo soy pequeño. ¿Qué puedo hacer?". Al principio, Rubén también sintió un poquito de cosquillas en la barriga, esas cosquillas que a veces nos hacen sentir un poquito de miedo, porque el pajarito era un animalito salvaje y él no sabía muy bien cómo ayudarle.
Pero entonces, Rubén recordó algo importante que le había enseñado su mamá: "Rubén, si ves a alguien que necesita ayuda, y puedes dársela, ¡sé valiente!". Rubén respiró hondo, como un pequeño campeón que va a saltar muy alto. Decidió que iba a ser valiente por el pajarito. Con mucho cuidado, y muy, muy despacito para no asustarle más, Rubén estiró su manita. No quería tocar al pajarito, solo quería hacerle saber que estaba allí, cerca, para ayudarle, como un amigo silencioso.
El pajarito, con sus ojitos redondos como dos perlitas, miró a Rubén. Seguía un poco asustado, pero vio que Rubén era bueno y no quería hacerle daño. Rubén pensó: "Quizás tiene sed, ¡pobrecito!". Miró a su alrededor y vio unas gotitas de rocío brillando en una hoja grande, como si fueran pequeñas joyas. "¡Ya sé!", pensó Rubén con una gran idea. Con mucho, mucho cuidado para no romperla, Rubén cogió una hojita del suelo, una muy limpia, como si fuera una cuchara diminuta. La llenó con unas gotitas de agua y, con toda su paciencia de superhéroe, la acercó despacito al pajarito. ¡Qué valiente era Rubén, ayudando a un animalito que no conocía y que estaba asustado!
El pajarito, que tenía muchísima sed, bebió unas gotitas de agua de la hojita. "¡Pío, pío! ¡Gracias, Rubén!", parecía decir con sus ojitos brillantes. Después de beber, el pajarito movió un poquito sus alitas, ¡ya no estaban tan caídas! Rubén se sintió muy, muy feliz. Había sido valiente, había ayudado a un amigo animalito y no se había rendido a las cosquillas del miedo.
De repente, una sombra se movió en el cielo azul. ¡Era la mamá del pajarito! Era un poquito más grande y volaba muy rápido, buscándolo. "¡Pío, pío!", le dijo a su bebé, como si le preguntara: "¿Estás bien, mi pequeño?". El pajarito chiquitín gorjeó feliz y, con un pequeño saltito, movió sus alitas y... ¡voló un trocito hasta reunirse con su mamá! ¡Juntos volaron hacia un árbol cercano, donde les esperaba su nido calentito! Rubén los despidió con la mano, sonriendo de oreja a oreja. Había aprendido que la valentía no es no tener nada de miedo, sino hacer lo correcto y ayudar, aunque sintamos un poquito de cosquillas en la barriga. Es ser fuerte por dentro.
Rubén se sentó en el césped, con una sonrisa aún más grande que el sol. Su corazón estaba lleno de alegría y de una sensación muy bonita, como un abrazo calentito. Había ayudado a un pajarito y se había sentido un gran héroe, un protector de animales. Desde ese día, Rubén supo que, aunque fuera pequeño, tenía una valentía muy grande dentro de él, lista para ayudar a quien lo necesitara, ¡especialmente a los animalitos! ¡Qué gran y valiente aventura había vivido Rubén en su jardín mágico y qué bien se siente ser valiente!
Un día soleado, mientras Rubén jugaba con sus coches de juguete en el césped verde del jardín, ¡escuchó un ruidito! "¡Pío, pío!", sonaba, muy suave, casi como un susurro. Rubén, con sus ojitos muy abiertos y su camiseta de dinosaurios, miró a su alrededor, buscando de dónde venía ese sonido. El "pío, pío" venía de detrás de un arbusto grande, que tenía unas flores de color rosa muy bonitas. Con pasitos lentos y curiosos, como un pequeño explorador en una gran misión, Rubén se acercó. ¡Y qué sorpresa! Allí, escondidito entre las hojas y las ramitas, había un pajarito muy, muy chiquitín. Era de color marrón, con un piquito amarillo, y sus alitas parecían un poquito caídas. El pajarito estaba en el suelo, no podía volar.
Rubén lo miró con mucho cariño. El pajarito temblaba un poquito y sus "pío, pío" eran cada vez más bajitos, como si estuviera muy triste o asustado. Rubén, que es un niño muy bueno y le encantan todos los animales del mundo, pensó: "Este pajarito necesita ayuda, pero yo soy pequeño. ¿Qué puedo hacer?". Al principio, Rubén también sintió un poquito de cosquillas en la barriga, esas cosquillas que a veces nos hacen sentir un poquito de miedo, porque el pajarito era un animalito salvaje y él no sabía muy bien cómo ayudarle.
Pero entonces, Rubén recordó algo importante que le había enseñado su mamá: "Rubén, si ves a alguien que necesita ayuda, y puedes dársela, ¡sé valiente!". Rubén respiró hondo, como un pequeño campeón que va a saltar muy alto. Decidió que iba a ser valiente por el pajarito. Con mucho cuidado, y muy, muy despacito para no asustarle más, Rubén estiró su manita. No quería tocar al pajarito, solo quería hacerle saber que estaba allí, cerca, para ayudarle, como un amigo silencioso.
El pajarito, con sus ojitos redondos como dos perlitas, miró a Rubén. Seguía un poco asustado, pero vio que Rubén era bueno y no quería hacerle daño. Rubén pensó: "Quizás tiene sed, ¡pobrecito!". Miró a su alrededor y vio unas gotitas de rocío brillando en una hoja grande, como si fueran pequeñas joyas. "¡Ya sé!", pensó Rubén con una gran idea. Con mucho, mucho cuidado para no romperla, Rubén cogió una hojita del suelo, una muy limpia, como si fuera una cuchara diminuta. La llenó con unas gotitas de agua y, con toda su paciencia de superhéroe, la acercó despacito al pajarito. ¡Qué valiente era Rubén, ayudando a un animalito que no conocía y que estaba asustado!
El pajarito, que tenía muchísima sed, bebió unas gotitas de agua de la hojita. "¡Pío, pío! ¡Gracias, Rubén!", parecía decir con sus ojitos brillantes. Después de beber, el pajarito movió un poquito sus alitas, ¡ya no estaban tan caídas! Rubén se sintió muy, muy feliz. Había sido valiente, había ayudado a un amigo animalito y no se había rendido a las cosquillas del miedo.
De repente, una sombra se movió en el cielo azul. ¡Era la mamá del pajarito! Era un poquito más grande y volaba muy rápido, buscándolo. "¡Pío, pío!", le dijo a su bebé, como si le preguntara: "¿Estás bien, mi pequeño?". El pajarito chiquitín gorjeó feliz y, con un pequeño saltito, movió sus alitas y... ¡voló un trocito hasta reunirse con su mamá! ¡Juntos volaron hacia un árbol cercano, donde les esperaba su nido calentito! Rubén los despidió con la mano, sonriendo de oreja a oreja. Había aprendido que la valentía no es no tener nada de miedo, sino hacer lo correcto y ayudar, aunque sintamos un poquito de cosquillas en la barriga. Es ser fuerte por dentro.
Rubén se sentó en el césped, con una sonrisa aún más grande que el sol. Su corazón estaba lleno de alegría y de una sensación muy bonita, como un abrazo calentito. Había ayudado a un pajarito y se había sentido un gran héroe, un protector de animales. Desde ese día, Rubén supo que, aunque fuera pequeño, tenía una valentía muy grande dentro de él, lista para ayudar a quien lo necesitara, ¡especialmente a los animalitos! ¡Qué gran y valiente aventura había vivido Rubén en su jardín mágico y qué bien se siente ser valiente!
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